Las disrupciones registradas en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz han tenido efectos significativamente distintos sobre la confiabilidad de los servicios marítimos globales, de acuerdo con un análisis de Sea-Intelligence, que comparó el comportamiento operacional derivado de ambos eventos geopolíticos.

Según la consultora, aunque suele asumirse que todos los “cuellos de botella” marítimos afectan de igual manera a las cadenas de suministro globales, “los datos revelan un marcado contraste en la forma en que estos dos eventos se han manifestado operacionalmente”.

Contenido del artículo

En términos agregados, Sea-Intelligence indicó que la crisis del Mar Rojo sí provocó un deterioro medible en la confiabilidad de los itinerarios marítimos a nivel mundial. En contraste, la interrupción en el Estrecho de Ormuz “aún no se ha registrado como un evento negativo a escala global”. De hecho, la firma señaló que “la confiabilidad global de los itinerarios en marzo de 2026 mejoró en 3,9 puntos porcentuales, superando los niveles estacionales normales previos a la pandemia”.

El análisis explica que esta aparente resiliencia operacional durante la crisis de Ormuz responde a un cambio radical en la estrategia de las líneas navieras. A diferencia de la situación en el Mar Rojo, donde el impacto principal fue un aumento de los tiempos de tránsito, el bloqueo de Ormuz generó “un shock directo sobre los volúmenes de carga”.

Ante la imposibilidad de cruzar el estrecho, las líneas navieras optaron por no mantener los buques fondeados indefinidamente. “En cambio, eligieron mayoritariamente abandonar completamente la red bloqueada”, sostuvo Sea-Intelligence, lo que derivó en “un colapso casi total de las recaladas de buques en Medio Oriente”.

No obstante, la consultora advirtió que este abandono forzado desencadenó una severa crisis terrestre localizada. Las navieras debieron descargar abruptamente la carga con destino a Medio Oriente en hubs alternativos cercanos al área bloqueada, principalmente en la costa oeste de India y en Colombo, Sri Lanka.

Debido al arribo masivo e imprevisto de contenedores desviados, la consultora indicó que “se generó un cuello de botella terrestre”, ya que el volumen de carga desembarcada “rápidamente sobrepasó la capacidad física de los patios”. Esto terminó afectando también la confiabilidad de servicios en rutas comerciales no relacionadas a la región, pero que utilizaban esos mismos hubs de transbordo dentro de sus itinerarios.

“En última instancia, los datos demuestran que un bloqueo marítimo localizado puede traducirse rápidamente en una paralizante crisis de congestión terrestre en patios”, concluye el análisis.